El Obispo de Jaén realiza el «Lavatorio de los pies» en la prisión provincial

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JUEVES SANTO
En este Jueves Santo la Iglesia universal conmemora el día del amor fraterno y la institución de la Eucaristía. Para comenzar la jornada, el Obispo de Jaén, Monseñor Chico Martínez, ha acudido hasta la Prisión Provincial para celebrar con los internos la Cena del Señor. Un momento de intimidad espiritual con los privados de libertad que para el Prelado jiennense se convierte en uno de los instantes más conmovedores de toda la Semana Santa.
Las lecturas han estado participadas por los propios internos y el Evangelio proclamado por el Delegado de la Pastoral, Domingo Pérez, en su primera Semana Santa en este servicio diocesano. El pasaje evangélico de San Juan relataba la última cena y el lavatorio de los pies.
En la homilía, Don Sebastián se ha dirigido a los internos para recordarle que cada Jueves Santo se conmemora la institución del sacramento de la Eucaristía, que recuerda que Cristo quiso quedarse, para siempre, entre nosotros, en algo tan simple como un trozo de pan y un poco de vino. “La Eucaristía es la presencia real del Señor entre nosotros”, ha afirmado el Obispo. “Hoy, como en esa Última Cena, Jesús nos recuerda que nos ama tanto que se sigue entregando, que sigue muriendo y resucitando por nosotros, sean cuales sean nuestros fallos morales, nuestros pecados y culpas. Su amor es para todos”. Del mismo modo, Monseñor Chico Martínez, recuerda que ese amor infinito de Jesús también se refleja en el momento del lavatorio. “Jesús sirve a sus discípulos. Les lava los pies y con eso nos quiere enseñar que la grandeza está en el servicio y la entrega. Son los gestos, la acciones con el hermano los que nos llevan a un encuentro con Jesús, un encuentro que no nos deja indiferentes, sino que nos transforma”.
Del mismo modo, el Obispo ha confesado a los internos que esta mañana de Jueves Santo para él es uno de los momentos en los que más disfruta de este tiempo de penitencia y vivencia espiritual, “ya que estar aquí, con vosotros, miraros a los ojos y poderos lavar los pies me hace reconocer en cada uno de vosotros el rostro sufriente del Señor”.
Tras la predicación, el Obispo se ha despojado de la casulla y, como hiciera Jesús, se ha ceñido una toalla a la cintura. Se ha producido un momento de gran emoción y piedad, mientras Don Sebastián lavaba y besaba los pies de algunos internos. Al igual que el Prelado derramaba el agua sobre los pies de los internos, caían lágrimas de emoción por los rostros de los internos, al ver el gesto que, con entrañable amor, ha hecho Don Sebastián con cada uno de ellos.
Tanto los internos como los voluntarios de la Pastoral han vivido con recogimiento la Consagración y han unido sus brazos para rezar el Padrenuestro. Durante la paz se han abrazado los unos con los otros como muestra de fraternidad.