VISITA DEL PAPA
Tras una semana intensa, llena de encuentros, emociones, silencios y momentos de profunda fe, el Santo Padre deja a la Iglesia de España palabras para el recuerdo, motivos para la reflexión y caminos abiertos para seguir recorriendo con esperanza.
Don Sebastián Chico participó en los últimos actos de la visita apostólica del papa León XIV, que tuvieron como escenario las Islas Canarias y sirvieron de broche final a un viaje que quedará grabado en la memoria de los católicos españoles.
El pasado jueves, el Obispo jiennense participó en el encuentro celebrado en el puerto de Arguineguín. Allí, León XIV quiso acercarse a una de las realidades más dolorosas de nuestro tiempo: la de quienes se ven obligados a abandonar su tierra y afrontar la travesía del Atlántico poniendo en riesgo su propia vida.
En uno de los actos de mayor carga humana de todo el viaje, el Papa escuchó el testimonio de un capitán de Salvamento Marítimo, de una voluntaria de Cáritas y de una víctima de trata. Después, elevó una firme defensa de la dignidad de toda persona, recordando que «no son números ni expedientes» y afirmando con rotundidad que «la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera».
Al caer la tarde, Don Sebastián Chico concelebró la Eucaristía presidida por el Santo Padre en el Estadio de Gran Canaria. Fue una celebración multitudinaria y emotiva, marcada por la riqueza de las tradiciones canarias y por una intensa vivencia de la fe. Durante su homilía, León XIV centró su homilía en el Corazón de Cristo, fuente inagotable del amor de Dios. Recordó que el Señor ama gratuitamente, sin cálculos ni méritos previos, y que de ese amor nace también la vocación de cada cristiano a amar a los demás. Inspirándose en san Agustín, subrayó que donde hay humildad florece el amor y donde hay amor nace la paz. Finalmente, elevó una súplica por toda la humanidad para que cesen las guerras y surja una nueva humanidad reconciliada en el amor.
La visita apostólica concluyó al día siguiente con una solemne Eucaristía celebrada junto al mar, en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. En un marco de extraordinaria belleza, el Papa volvió a dirigir la mirada de los fieles hacia el Corazón de Jesús, al que definió como «el corazón de la historia». Tomando como referencia la inmensidad del océano, explicó que aún más grande es el amor que une el corazón de Dios con el de cada persona. Recordó que «ningún ser humano es una isla» y que todos estamos llamados al encuentro, la fraternidad y la comunión. Su mensaje concluyó con una invitación a adentrarse en el corazón del Evangelio, que es el corazón mismo de Cristo, porque «quien se sumerge en él ya no vive para sí mismo».
Antes de concluir la celebración, León XIV dirigió un emotivo mensaje de despedida al pueblo español:
«Hermanos y hermanas, con esta celebración eucarística concluye mi viaje apostólico a España. Regreso a Roma conmovido por el gran afecto con el que me han recibido y reconfortado por los testimonios de fe y de amor a la Iglesia, expresiones del gran corazón católico de España».
Y añadió: «A todos quisiera repetirles el lema de este viaje: ¡Alzad la mirada! Dirijamos nuestra mirada a Cristo crucificado. Su Corazón es la fuente de la misericordia, la única capaz de salvar a una humanidad necesitada de perdón, reconciliación y paz verdadera».
Finalmente, encomendó a todos los fieles a la protección maternal de la Virgen María: «Levantemos la mirada como lo hizo María, Madre de todos los que sufren, y guiados por ella retomemos el camino con esperanza. Queridos hermanos y hermanas, gracias de corazón. Permanezcamos unidos en la oración y en la comunión en Cristo y en la Santa Iglesia».
Con esta última celebración concluyó una histórica visita apostólica que ha dejado una profunda huella en la Iglesia y en la sociedad española. Durante estos días, León XIV ha invitado insistentemente a los fieles a volver la mirada hacia Cristo, a vivir una fe valiente y comprometida, a cuidar la dignidad de toda persona y a convertirse en constructores de reconciliación y de paz.



















