El Jaén Paraíso Interior deja fuera al Barcelona en la tanda de penaltis

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Semifinal Copa del Rey 2026                                                                                                  Pabellón Multiusos de Cáceres

Otra Final Four. La sexta en la historia para un Jaén Paraíso Interior acostumbrado a vivir entre gigantes. Enfrente, el Barça. Viejo conocido, rival de mil batallas y último verdugo pendiente tras aquella final de Copa de España conquistada por los amarillos en Granada.

Dani Rodríguez apostó de inicio por Espíndola, Power, Michel, Bynho y Brandi. Taha alineó a Dídac, Erick, Matheus, Touré y Pito en un escenario teñido de amarillo por cerca de 700 aficionados jiennenses desplazados a Cáceres.

El duelo arrancó con máxima tensión táctica, posesiones largas del Barça y mucho respeto mutuo. El primer aviso llegó incluso antes del minuto uno con una falta sobre Bynho que marcaba el tono físico del encuentro.

Pero el golpe azulgrana apareció demasiado pronto

Corría el minuto 2 cuando una buena acción por el costado izquierdo terminó con Touré encontrando el disparo cruzado perfecto para superar a Espíndola. Un latigazo seco, preciso, imposible para el guardameta brasileño. 1-0 y ventaja tempranera para los catalanes.

Lejos de descomponerse, Jaén fue creciendo poco a poco en el partido. Las primeras rotaciones amarillas —Eloy, Dani Zurdo y Esteban— dieron oxígeno y verticalidad. Precisamente Eloy Rojas firmó la primera ocasión seria andaluza con una de esas acciones tan suyas: diagonal hacia dentro, regate, perfilado para el golpeo… y balón rozando el larguero.

El partido entró entonces en una fase de equilibrio absoluto. Mucho ajedrez táctico, intensidad defensiva y pocas concesiones. El Barça controlaba más balón, aunque sin monopolizar las ocasiones, mientras Jaén trataba de encontrar profundidad entre líneas.

En el minuto 8 llegó una acción que pudo cambiar el guion. Una pérdida de Rikelme activó la transición culé, un dos contra uno clarísimo que Neghinho no logró resolver. El remate salió mordido cuando el segundo parecía inevitable.

Los amarillos seguían buscando sensaciones, aunque sin encontrar continuidad ofensiva. Además, el arbitraje comenzó a generar evidente malestar en el banquillo jiennense. Una amarilla muy protestada a Michel —en una acción donde apenas existió contacto— elevó la temperatura competitiva.

Con tres faltas acumuladas y varias decisiones discutidas, Dani Rodríguez detuvo el encuentro en el minuto 10 para reorganizar a los suyos.

Tras el tiempo muerto, el Barça volvió a amenazar. Gauna levantó el balón con calidad ante la salida de Espíndola en una transición peligrosa y Erick, llegando desde atrás, estampó el balón contra el larguero cuando el segundo tanto parecía cantado.

El choque avanzaba hacia el descanso manteniendo la misma fotografía: igualdad competitiva, pero mayor filo ofensivo azulgrana.

Erick seguía siendo el hombre más incisivo de los catalanes, obligando a intervenir a un Espíndola sólido bajo palos pese al gol encajado. Mientras, Jaén intentaba responder desde el trabajo colectivo y la insistencia.

A falta de cuatro minutos para el intermedio llegó una de las más claras para los de Dani Rodríguez. Lemine armó un gran disparo exterior y Esteban apareció en segunda acción, pero se topó con un Dídac imperial, muro infranqueable en el momento clave.

Los amarillos aún tuvieron una última tentativa mediante juego directo, aunque Alan no encontró precisión en la definición.

Así se alcanzó el descanso en el Multiusos de Cáceres: 1-0 para el Barça tras una primera mitad cerrada, táctica y de márgenes mínimos. Jaén compitió, resistió y también tuvo sus opciones, pero el acierto inicial de Touré y la solidez de Dídac mantienen por delante al conjunto azulgrana.

Otra Final Four. La sexta en la historia para un Jaén Paraíso Interior acostumbrado a vivir entre gigantes. Enfrente, el Barça. Viejo conocido, rival de mil batallas y último verdugo pendiente tras aquella final de Copa de España conquistada por los amarillos en Granada.

Dani Rodríguez apostó de inicio por Espíndola, Power, Michel, Bynho y Brandi. Taha alineó a Dídac, Erick, Matheus, Touré y Pito en un escenario teñido de amarillo por cerca de 700 aficionados jiennenses desplazados a Cáceres.

El duelo arrancó con máxima tensión táctica, posesiones largas del Barça y mucho respeto mutuo. El primer aviso llegó incluso antes del minuto uno con una falta sobre Bynho que marcaba el tono físico del enc…
La reanudación arrancó con un punto más de revoluciones sobre el parqué del Multiusos. El Barça, consciente del valor de su ventaja mínima. Jaén, plenamente consciente de la necesidad de empatar… pero sin perder el orden ni caer en la precipitación.

La primera gran acción amarilla llevó la firma de un clásico. Alan Brandi, puro carácter competitivo, fabricó en el minuto 23 una falta peligrosísima en la frontal, algo escorada. El capitán buscó sorprender directamente a Dídac, aunque el lanzamiento no encontró el veneno suficiente para inquietar al meta blaugrana.

La réplica catalana fue inmediata. Dídac activó el juego directo con un envío milimétrico y apareció la calidad diferencial de Matheus, control orientado de fantasía, regate de muchos quilates y definición frustrada por un Espíndola atentísimo, que sostuvo a Jaén con una intervención de muchísimo mérito.

El partido había cambiado de piel

Más abierto, más vertical, más salvaje. Ida y vuelta constante, intercambios de golpes, espacios y sensación de peligro permanente en ambas áreas.

Y en ese escenario de vértigo creció Jaén.

Nando apareció donde aparecen los jugadores con instinto competitivo: cazó un rechace dentro del área y lo mandó a la red para firmar el 1-1, provocando la explosión absoluta de una grada amarilla entregada a su equipo. Empate, adrenalina y semifinal completamente reabierta.

Pero aquello apenas era el comienzo del caos.

Porque el Barça respondió prácticamente al instante. Eric Martel encontró el pase perfecto al segundo palo y Neguinho, llegando libre de marca, empujó el balón para devolver la ventaja al conjunto azulgrana.

2-1.

Golpe duro.

O eso parecía.

Porque el guión todavía guardaba una obra maestra.

Michel firmó el gol de la Copa del Rey. El cierre mengibareño levantó la cabeza desde campo propio, detectó a Dídac adelantado y se inventó una parábola imposible, una pieza de museo, un disparo de fe, lectura y precisión quirúrgica que terminó besando la red catalana.

2-2.

Locura absoluta en Cáceres.

La semifinal se convirtió durante diez minutos en una oda al fútbol sala. Intensidad desbordante, ritmo frenético, alternativas constantes y dos equipos jugando sin red. No había una palabra capaz de definir semejante intercambio.

Jaén había dado un paso adelante enorme en ataque. Michel, Lemine y Nando elevaron prestaciones, multiplicando el peso ofensivo amarillo en una plantilla condicionada por la sensible ausencia de Mati Rosa.

El ritmo goleador bajó inevitablemente, pero no las ocasiones.

Bynho probó fortuna desde larga distancia buscando sorprender tras un rebote que terminó en córner. Matheus respondió del otro lado obligando nuevamente a Espíndola a sacar una mano decisiva, confirmando la enorme actuación del guardameta brasileño.

Los minutos corrían y la tensión aumentaba.

A falta de ocho minutos, Michel estuvo cerca de firmar su doblete en una buena acción por banda derecha, aunque un control ligeramente largo permitió a Dídac imponerse en el mano a mano.

Acto seguido, apareció una de esas jugadas tan propias del fútbol sala moderno. Espíndola conectó un envío larguísimo hacia Power, convertido casi en pívot improvisado. El jugador amarillo ganó el duelo individual ante Neguinho con una acción de muchísimo nivel, pero le faltó precisión en la finalización.

El partido entraba en territorio de máxima tensión.

Las líneas defensivas comenzaron a ajustarse más. Cada pérdida pesaba una tonelada. Cada decisión podía valer una final.

Ninguno quería exponerse demasiado con el juego de cinco, aunque Jaén seguía empujado por el alma competitiva de siempre, levantando a su afición con minutos de personalidad, circulación agresiva y ocasiones claras.

Eric Martel asumió el rol de portero-jugador, buscando evitar a toda costa un desenlace desde los seis metros que inevitablemente recordaba aquella reciente Copa de España conquistada por Jaén precisamente ante los azulgranas.

El juego de cinco generó una de las últimas opciones catalanas. Pito recibió desde el flanco izquierdo, armó el disparo rápido… pero el balón se perdió fuera.

La última gran ocasión cayó del lado amarillo. Antonio Pérez tuvo el partido en transición, atacando un balón dividido con el Barça jugando de cinco, pero la acción no encontró premio

El 2-2 se mantuvo en el marcador y la semifinal de Cáceres se encaminó hacia la tensión máxima: los lanzamientos desde el punto de penalti decidirían el segundo finalista de la Copa del Rey.

Jaén abría la tanda y Michel era el primero en asumir la responsabilidad. El mengibareño no dudó: potente, por el centro y para dentro. 1-0 para los amarillos.

El Barça respondía con Catela. El gaditano engañó a Espindola y la ajustó al palo derecho para devolver la igualdad.

Power tomaba el relevo para Jaén y tampoco fallaba. Antonio Pérez hacía lo propio para el Barça y mantenía el pulso desde los once metros.

Llegaba el turno de Salla. El brasileño seguía con el pleno y volvía a poner por delante a los jiennenses. Entonces apareció uno de los momentos clave de la tanda: Pito lanzaba el tercero para el Barça, pero se encontraba con un gigantesco Espindola, que sacaba una mano salvadora para mantener la ventaja amarilla.

Con el impulso de la parada, Eloy convertía el cuarto penalti de Jaén y acercaba todavía más a los suyos a la final. Sergio González no se arrugaba y anotaba para el Barça, dejando toda la presión sobre los hombros de Lemine.

El destino de la eliminatoria estaba en sus botas. Si marcaba, Jaén estaría en otra final. Y Lemine no falló. Gol, explosión de alegría y locura absoluta en la Marea Amarilla. Jaén Paraíso Interior FS volvía a citarse con la historia.