Procesión claustral de la Virgen de la Antigua por las naves del Templo Catedral

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RELIGIÓN
Este 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de María a los cielos, el Cabildo y el pueblo de Jaén han vuelto a cumplir con la tradición de venerar a su patrona, la Virgen de la Antigua.
La celebración comenzaba con la procesión claustral de la Virgen de la Antigua por las naves del Templo Catedral, portada en andas por miembros de la Cofradía de la Buena Muerte.
La Eucaristía, presidida por el Deán de la Catedral, Francisco Juan Martínez Rojas, ha estado concelebrada por otros capitulares y acolitada por algunos seminaristas y los acólitos de la Seo jiennense.
HOMILÍA
En sus palabras, el Deán ha querido hacer memoria del septuagésimo quinto aniversario de la declaración del Dogma de la Asunción, por Pío XII y que no hace más que declarar como doctrina lo que los cristianos han confesado desde siempre con fervor, la Asunción de la sin pecado concebida a los cielos. Así, Martínez Rojas ha expresado que «estas piedras, y las que formaron los templos anteriores a la actual catedral, también nos narrarían la alegría de los ángeles, desde aquel lejano 1246, cuando el primer templo de la ciudad de Jaén fue dedicado a la Asunción de la Virgen, por devoción del rey santo, Fernando III, y nos contarían cómo cada 15 de agosto no los ángeles, sino los cristianos de esta ciudad se han vuelto a alegrar mirando a María, que sube gloriosa al cielo».
En este sentido, el Deán ha abundando, «desde el cielo, como aparecen representados en el escudo de nuestra catedral, Madre e Hijo nos miran con amor premuroso y misericordia inacabable, y pisando al dragón maligno, a la serpiente primordial, nos invitan a la esperanza, en nuestra lucha contra el pecado».
Asimismo, no ha querido obviar el sentido jubilar de la celebración de esta solemnidad y haciendo referencia a la Esperanza, faro de este año Santo, ha expresado: «
en este jubileo 2025, Año Jubilar de la Esperanza, como Iglesia somos peregrinos de esperanza. Como pueblo de Dios, vamos caminando en esperanza hacia nuestra Esperanza, que es Cristo, acompañados por María, spes nostra, esperanza nuestra, en medio de las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios (S. Agustín) » para añadir, «Sí, María es spes nostra, esperanza nuestra. Y sabéis cuánta esperanza necesitamos: ante las guerras en Gaza, en Ucrania, ante la degradación moral de nuestra sociedad, necesitamos la esperanza. El mundo necesita hombres y mujeres de esperanza, y nosotros podemos y debemos serlo, mirando a María. Como recordaba el Papa Francisco en la bula de convocatoria del presente jubileo, Spes non confundit, la esperanza encuentra en la Madre de Dios su testimonio más alto. En ella vemos que la esperanza no es un fútil optimismo, sino un don de gracia en el realismo de la vida».
Para concluir su predicación, el Deán, dirigiéndose a María Santísima, ha orado «
Gracias por ser modelo de esperanza para la Iglesia, acicate para que seamos santos, como tú. Tú permaneces con nosotros, los discípulos de tu Hijo, como madre nuestra, como Madre de la esperanza. Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos la senda hacia el reino de tu Hijo. Estrella del mar, cuando nos sentimos asaltados por las tinieblas y la oscuridad, y el miedo se adueña de nuestros corazones, brilla esplendorosa sobre nosotros y guíanos con premura en nuestro camino, para que seamos siempre peregrinos de esperanza»
Después de la profesión de fe, se han presentado ante la imagen de la Virgen de la Antigua a los recién nacidos y niños presentes en la celebración, gesto que desde hace algunos años se lleva a cabo en este día tan mariano.
Al término de la celebración, e igual que ocurre, también cada Viernes Santo, se ha impartido la bendición secular con el Santos Rostro por los balcones de la Catedral, desde los cuatro puntos cardinales, bendiciendo, así, a los fieles y a los campos.